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Enews junio 2019

ENTREVISTA: José Rodríguez Muñoz, director de la Escuela de la Industria Gráfica:

“El Ministerio del Trabajo tiene que incentivar a las empresas a tomar parte del Dual”

Fundada en 1940 con el afán de entregar al país profesionales de las comunicaciones y el área gráfica, la Escuela de Artes Gráficas estuvo desde sus inicios ligada al sector productivo, entendiendo la importancia de esta cercanía para asegurar técnicos de buena calidad.

Ubicada en San Miguel desde 1951, la Escuela inicia su dual en 1992, con 15 empresas. En una oficina bien iluminada frente a una plaza y con una mesa redonda que invita al trabajo colaborativo, el director José Rodríguez nos contó lo que ha visto desde que llegó al colegio en 1973, cómo fue el proceso de convertirse a la formación Dual y las virtudes y desafíos de esta modalidad.

¿Cómo fue para el Chile de los 90 dar el paso y convertirse en una escuela con formación Dual?

El colegio comenzó con la modalidad dual en 1992, con un curso de 30 alumnos en el área de impresión, casi como un experimento, junto con el Liceo Chileno Alemán. Desde su inicio tuvo muy buena acogida por parte de las empresas que entendieron la importancia de formar profesionales con mejores competencias. Con buenos resultados en los años siguientes se sumaron más cursos, hasta llegar hoy a 12 cursos de 3° y 4° medio. La gente de la GTZ siempre fue clara en que esta estrategia es un complemento a la formación técnica que entregan los colegios, y que así hay que explicarlo a las empresas. Y las empresas siempre nos brindaron su respaldo, si bien apareció temor por parte de algunos trabajadores, que observaron con recelo la llegada de jóvenes con ganas de aprender, preocupados por sus puestos de trabajo. Un estudiante llegando a la empresa tiene otra lógica que un trabajador, lo que puede afectar la producción de la empresa, al igual que el cumplimiento de los planes de rotación, pero esto es algo que se dialoga con la empresa, y con el transcurso de los años, este temor es cada vez menor. Son dificultades, pero que hemos aprendido a sortear.

¿Cómo se vio el impacto en los jóvenes y la comunidad al interior del liceo?

Estuve en algunas de las reuniones de la GTZ, recuerdo algunas de las orientaciones que entregaban. Siempre enfatizaron la naturaleza complementaria de la formación en la empresa, es un escenario laboral en el que el joven se inserta tempranamente y adquiere una serie de competencias blandas que toman mucho más en el colegio; se fomenta la productividad. Ellos siempre hablaron de este vínculo con la empresa. Por su parte los apoderados estaban muy felices de la nueva experiencia que tenían sus alumnos y los profesores se mantenían expectantes, algunos temiendo que los jóvenes se convirtieran en mano de obra barata, pero hoy estos temores se han disipado. La clave es dialogar de cerca con la empresa.

¿Qué le decimos a los colegios que tienen dificultades para asegurar cupos y convenios?

Esto es una realidad para muchos liceos hoy. Yo creo que el ministerio del trabajo debiera hacerse cargo de esto, tal como lo hacen en países en Europa, donde las empresas reciben un aporte del estado por este tipo de iniciativa. Lo que hacemos nosotros para sortear estas dificultades es ir a la empresa con una carpeta que contiene todo el organigrama del sistema y conversar con el dueño, le explicamos las ventajas, y es así como muchas empresas nos abren sus puertas. Hoy puedo decirte que hemos trabajado con más de 400 empresas, entendiendo la fluctuación que tiene este rubro, y la adaptabilidad que hay que tener. Para motivar al empresariado primeramente hay que decirle que en la realidad social confluyen familias que ven la necesidad que sus hijos obtengan una carrera en corto plazo cuando los padres no están en condiciones de acompañarlos en estudios superiores; tiene que haber una mirada de consciencia social.

Claro que las empresas están ahí para producir, esa es su contribución al país, pero también hay que abrir un espacio a lo social y recibir a jóvenes para que tengan la posibilidad de tener a corto plazo algo de qué sustentarse y en qué trabajar. Los sectores vulnerables necesitan de colegios como el nuestro.