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Enews noviembre 2020

EDITORIAL:

Formar y no apadrinar, o la teoría del semáforo.

La educación es una hermosa labor, pero requiere ciertas condiciones. En un modelo paternalista, si no logramos pensar distinto, jamás haremos los cambios necesarios, y compararnos con países que piensan distinto, sin hacer este cambio primero, no tiene mucho sentido.

La educación es una labor hermosa, que nos lleva hasta lo más remoto de nuestra humanidad, construir sociedades, compartir conocimiento y formar personas. Nuestro trabajo en Fundación Chile Dual nos acerca a esa realidad día a día. Pero para que esta noble labor se dé, deben coexistir ciertas condiciones. El último año ha demostrado que en nuestro país la educación la lideran los docentes, los equipos en los liceos que son los que deben lidiar directamente con los estudiantes. Hay un paternalismo intrínseco en este modelo. Y al mismo tiempo existe un ausentismo de aquellos que dictan las reglas, pero que no están en los liceos, porque deben mirar a gran escala. Quienes administran la educación y hacen las leyes tienen una visión de bosque, mientras los profesores pueden discernir cada árbol. Cuando comparamos nuestra educación técnica con la de los países que son referente, siempre damos con la misma piedra de tope: “No somos iguales, nuestras empresas no son iguales, no hay incentivos desde el sistema tributario para que las compañías formen personas”, lo que es cierto, y en esta edición encontrará una entrevista que habla mucho sobre eso. Sin embargo, hay otro tema que es fundamental y es el involucramiento de los profesores. Los europeos no se comportan distintos a los latinos por su sistema tributario; su sistema tributario es distinto por cómo se comportan. Existe una integración temprana con su comunidad, que es evidente desde la manera en que funcionan sus semáforos. En Chile el semáforo peatonal es permisivo, te avisa y tiene lapsos mayores. Allá, si no estas atento, cruzaste en rojo. Lo mismo puede decirse del mercado laboral y el convertirse en adulto. Muy tempranamente los niños deben optar por un tramo educativo, sea TP o HC, y para cuando egresan del tramo secundario son conscientes del lugar que ocupan en su comunidad.

Por eso cuando necesitan hacer cambios de cara a mejorar su formación técnica, es algo fluido, existe un diálogo entre los legisladores y las Cámaras de Comercio, mientras acá si queremos destrabar, por ejemplo, que menores de edad ingresen a minas -uno de los temas más interesantes en Chile, exportador mundial de minería-, los educadores no tienen cómo influenciar en la manera en que se redactan las leyes, no tienen el peso porque se mueven en otro carril de la sociedad, y los estudiantes están separados conceptualmente de los trabajadores. Esta diferencia, que es cultural, es un semáforo parpadeando, avisándote que no es seguro cruzar, en vez de enseñarte a mirar a los lados. Si no hacemos un cambio en nuestra manera de pensar, es imposible continuar profundizando en una Formación Profesional de verdadera calidad.