César Fuentes, Gerente General Prosolmec:
“Los empresarios tenemos un deber con las generaciones jóvenes. Y ellos también lo tienen.”
De comprarse su primera máquina de cortar pasto a los 14 hasta ser la cabeza de una empresa de soluciones metálicas, César Fuentes nos habló de derechos y deberes, y el rol que tiene que tomar el sector productivo en la formación de talento joven.
¿Cómo entraste en este negocio?
He sido empresario comerciante toda mi vida. Cuando tenía 9 falleció mi papá, y desde entonces entendí que hay que trabajar, poner mi parte y ayudar a mi familia. Cuando tenía 12 empecé a trabajar como jardinero, como ayudante de un viejito. Después a los 13 o 14 me compré una máquina de cortar pasto y seguí solo.
Cuando en las empresas hablan de Impacto Social a veces suena difícil, caro, porque se enfocan en el aspecto monetario. Yo creo que hay que partir por el impacto personal. A mí siempre me ha gustado desarrollar negocios, desarrollar el producto, desarrollar mejoras. Pero lo que me motiva es dejar algo, hacer un impacto no a título personal, sino a nombre de Prosolmec, una empresa con las competencias necesarias para satisfacer el mercado con profesionalismo. Entonces también quiero dejar algo, dejarle el pie a mis hijos o nietos para que puedan empezar con algo, pero tampoco dárselas fácil, sino darles espacio para que ellos puedan también desarrollarse.
¿Cuál fue el camino desde entonces hasta tener una empresa grande, con 120 empleados?
Fue un camino largo, pero siempre, nunca perdí el foco. Mi mamá fue clave en eso también, me tenía orillado. Cuando uno es joven y empieza a tener plata, es fácil descarrilarse, pero ahí las metas son importantes. Trabajé en empaque, luego a los 18 pasé de ganar bien a ganar poco, y eso fue un tremendo tortazo, así que inventé otras cosas, iba a comprar carne a Chillán y la vendía en Santiago, etcétera. El tema es siempre rebuscar la manera. Recuerdo una vez que fue Inacap a dar una charla vocacional a mi colegio, sobre el tema laboral. Eso me motivó a estudiar una carrera corta que me permitiera trabajar rápido, estudiar de noche. Aprendí sobre gestión del control de calidad y me metí a trabajar a una empresa de venta de acero con 140 años en el mercado. Me gustó el rubro de la venta. Cada cliente era distinto, todo se vendía para el cliente específico.
Pero en esa área, las maestranzas no tenían buen servicio al cliente: o era una maestranza con piso de tierra donde los procesos daban lo mismo, o era una empresa gigante y más cara, y ahí encontré una oportunidad, crear una línea intermedia que cumpliera esos requerimientos de buen nivel, y a poco empezamos a formar esa cartera de clientes, fidelizarlos, resolverle problemas.
En ese tiempo partimos en un galpón al lado de una chanchería, con 2 soldadores y un pintor. Tener los chanchos al lado era horrible, nos empezó a quedar chico el lugar. Empecé a crear alianzas estratégicas, mezclé negocios y empecé a optimizar procesos. Empecé a arrendar en distintos lugares, con 6 o 7 galpones, lo que presentó un desafío logístico. Ahora tenemos todo centralizado, con 120 personas trabajando en el mismo espacio, y dando respuesta a esas necesidades de los distintos clientes.
Hablemos de los jóvenes, los chicos de 16, 17 años, a los que suelen caricaturizarlos por tenerle “alergia a la pala”. Tú, que además tienes un hijo de esa edad, ¿cómo ves esto?
Todos creen en los derechos, pero nadie cree en los deberes. Nacer no te da ningún derecho más que a respirar, la vida, no sé. Pero ¿cuál es tu deber? Piensa tú en un papá al que le pagan en negro, que no mete ningún peso al Estado, pero sí exige educación de calidad, vivienda, salud. ¿Cómo vas a exigir derechos si no cumples tus deberes? Si no enseñas eso, no puedes exigírselo a tus hijos tampoco. Tu deber como joven es simple, es ser educado, llegar a la hora, ayudar en la casa para que tu mamá pueda trabajar. Si no se cumplen esos deberes mínimos, si se la pasan carreteando la mitad del tiempo, si estudian carreras que no terminan, entonces claro que los papás van a perder interés en apoyarlos también. Tu deber como joven es aprender, para que en la universidad puedas rendir y no tener que pasar uno o dos semestres solamente en nivelación. Entonces pasa que claro que las carreras son lentas porque ellos no hicieron el trabajo previo, académico, pero también actitudinal.
¿Y cómo encontraron la manera de aterrizar ese interés en participar en la educación con programas duales?
Cuando conocí la formación dual me pareció una maravilla. Porque ese es el momento clave, tercero, cuarto medio. Ahí todavía tienes tiempo de enderezar la rama. A lo mejor no sale derecha, pero sí la puedes guiar. Cuando salen de 4° medio con malos hábitos ya es difícil. Tal vez te llega un practicante que no es muy bueno y tienes que cortarlo. Nos ha pasado. Creo que cuando se les dan las cosas muy fáciles, cuando estudian gratis, no valoran eso. Hay que descubrir esas personas e invertir en ellas, hay que recibir y formar practicantes o aprendices. Ese es mi deber, generarles un espacio bueno donde ellos se motiven.
¿Y qué pasa si tomas una varilla chueca, la enderezas en 3° y 4° medio, y luego, cuando ya están “enderezados” terminan su práctica, su dual, y se van a otra empresa?
No pasa nada. Así tiene que ser, todos se pueden ir de cualquier empresa; yo prefiero tener gente capacitada y con la opción de irse, a no tener a gente capacitada. Hemos tenido que hacer un trabajo acá, Cristian, del área de gerencia, ha hecho ese trabajo, de preparar nuestro equipo para integrar jóvenes y hacerles un espacio cómodo acá.
Cuando la operación empieza a crecer, hay que ponerle mucho ojo al factor humano. No todas las personas crecen al mismo ritmo, y cuidar eso es importante, ahí es también donde ves los espacios de mejora y de formación para los jóvenes. Este rubro, esta área, está un poco en extinción y los que estamos en la cabeza tenemos que formar generaciones nuevas para tomar la posta. Eso es clave. El rubro de la construcción, por ejemplo, también podría abrirse a eso, pero es un trabajo difícil y en el que no se invierte, por eso está en crisis de sangre nueva también. En nuestra área, por ejemplo, no hay colegio que estén enseñando la matricería, ni plegado, no hay. Nuestro sueño a futuro es poder armar un centro de formación, para que esto no muera, para que no corra el riesgo de perder gente y crear buenos trabajadores. Ese es nuestro desafío hoy, y espero alguna vez poder armar algo como en Brasil, una gran escuela del área metalúrgica, para que podamos seguir creciendo todos.

